| Descripción Larga | La obra se inicia cuando Judit ya está en el campamento asirio. El comienzo tiene lugar en la antesala del banquete. Es un diálogo entre la criada de Judit y un eunuco de Holofernes. A través de la conversación se presentan las características de los dos protagonistas de la historia. En el banquete, un soldado ebrio, atraído por su belleza, pretende abrazar a Judit. Airado, Holofernes lo hiere de gravedad y decreta su muerte. Consciente de que se acerca el momento decisivo, Judit se encomienda a Dios y le pide ayuda. Holofernes se queda a solas con Judit. Desea consumar su amor y, para que acceda, le hace distintos ofrecimientos: esclavas, más tarde, guerreros y gloria y, finalmente, le propone convertirla en diosa y ser adorada. Sin embargo, Judit permanece indiferente. Cuando Holofernes le pregunta qué quiere, ella le pide que levante el asedio de Betulia y libere a su pueblo. El general lo interpreta como una traición, desata su ira y está a punto de castigarla de un modo terrible, pero ella es capaz de conjurar el peligro diciéndole que lo ha dicho para ponerlo a prueba. Reconciliados y a punto de acudir al lecho, reparan en las manchas de sangre del soldado muerto. Unas están en el vestido de Judit, otras en las manos y el alfanje de Holofernes. Judit se retira para cambiarse de ropa. Holofernes experimenta un creciente desfallecimiento, ve a través de una especie de bruma, anda con torpeza y siente opresión en la garganta. Finalmente cae desmayado al suelo. Cuando Judit vuelve, siente dudas, pero desaparece en el interior de la estancia vecina. Regresa vacilante y agobiada por la misión cumplida, llevando en una mano el alfanje y en la otra, la cabeza de Holofernes. Un rostro que sonríe lascivamente y cuyos ojos entornados muestran una mirada voluptuosa. |